The coast redwood is one of the three sequoia species, together with the giant sequoia and the dawn redwood The coast redwood grows in natural stands in a long, thin coastal area along the Pacific Ocean in the west and northwest of the US (mostly California). It is the tallest tree in the world.
With its relatively slender silhouette this tree can grow even 20 meters higher than the tallest giant sequoias, that are nevertheless the biggest trees in the world, when looking at the volume of the trunk. The tallest known living tree, named Hyperion, is 115.55 m or 379.1 feet (measured in 2006) tall! This gets close to 120 to 130 m, that, according to a 2004 biological study, is the maximum attainable height of a tree.
Foggy coastal forests of the Pacific.
During the whole year it rains quite a lot in this thin coastal strip and it is quite foggy most of the time. This way the tree can absorb enough water and does not suffer that much from evaporation stress. Most of the tallest trees can be found in the wet river valleys on fertile, alluvial deposits, although unexpectedly a couple of recently discovered record breaking trees appeared to grow on the valley slopes. The coast redwood forests have an abundant undergrowth (amongst which there are a lot of ferns). However, the biggest biodiversity can be found tens of meters up: differents species of plants, lichens, salamanders, ... live high up in the sky between the complex branch systems of the redwoods. Prof. Steve Sillett, who studies these redwood canopies, compares them with "hanging gardens".
http://users.telenet.be/sequoiadendron/en/sequoiasempervirens.html#tallesttree
Wednesday, February 27, 2008
Giants among us
Saturday, February 16, 2008
Nacionalismo vs Cultura Universal
Es mucho lo que se pude decir sobre el nacionalismo. Yo soy antinacionalista radical. Ahora bien, a la reacción que surge como oposición a la imposición cultural desde el exterior, no le llamaría nacionalismo, sino una exigencia de libertad frente a la invasión de algunos aspectos culturales que esconden grandes intereses económicos e imperialistas, y, dicha oposición, está justificada sin necesidad de llamarla nacionalismo.
Las culturas de los otros pueblos no pueden ser en principio ni mejores ni peores que la propia. Son simplemente diferentes en muchos aspectos, llegando a ser, incluso, mejores unas culturas que otras dependiendo de sus valores intrínsecos. Por todo ello, el nacionalismo que se cierra ante la posibilidad de incorporar en su cultura aspectos de otra por el solo hecho de salvaguardar su idiosincrasia, sin analizar los aspectos positivos que pudieran hallarse presentes en esas nuevas culturas, cae en un fanatismo etnocéntrico y alienante. Con todo ello, quiero dejar entrever que los valores culturales de un país o nación, no pueden tener un valor intrínseco, sino que están sobrevalorados por los sentimientos y emociones subjetivas que les otorgan unas cualidades más allá de sus valores reales. No se puede prescindir de un factor tan alienante como la tradición a la hora de analizar la cultura de un país. En ella se enmarcan las principales condiciones para que la cultura adquiera esos valores subjetivos que son convertidos en objetivos en virtud de ese mecanismo psicológico -comparable a la fe en las religiones- como es la tradición.
Por todo ello, considero que está totalmente fuera de lugar decir que “Una persona sin nación es una persona sin identidad”. La identidad de las personas está mucho más allá de la lengua, la gastronomía, la artesanía, la tradición o la cultura general en la que se halla inscrita la persona humana. Considero que la verdadera identidad de un ser humano es aquel conjunto de valores personales por los que catalogamos a las personas de valiosas o no. Es decir, de aquellas características psicológicas por las que valoramos a un humano independientemente de su nacionalidad, religión, raza, sexo o cualquier otra circunstancia subjetiva que no pueda constituir por sí misma un valor intrínseco. Creo que en virtud de la experiencia histórica, deberíamos luchar por esa verdadera cultura que es indiferente a las lenguas y tradiciones de cada nación. Me refiero a la “cultura universal” entendida como el estudio de todos aquellos aspectos fundamentales por los que se pueda llegar a conocer las causas de los males que afligen a la humanidad. Tal como decía George Santayana, “las naciones que olvidan su pasado están expuestas a repetirlo”, por ello, la historia está en uno de los lugares preeminentes de la lista al ser imprescindible saber todo nuestro pasado y comprender el comportamiento tan irracional en el que ha incurrido la humanidad tan a menudo. Le seguiría la filosofía, como disciplina indiscutible a la hora de distinguir lo verdadero de lo falso y que abarca casi la totalidad del saber humano y, que acompañada de la ciencia, conforma el pedestal sobre el que se sostiene la cultura universal.
Entender las razones por las cuales el ser humano es ese ser tan frágil y sufridor de tantos males, es el objetivo prioritario y urgente frente al cual se quedan pequeñas y ridículas las culturas particulares de las naciones y por las que se ha derramado de forma estúpida ingente cantidad de sangre. Los nacionalismos sólo pueden tener vigencia frente a las imposiciones culturales que tengan una finalidad encubierta que se salga de la mera ampliación de la cultura. Pero, convertir los nacionalismos en un estandarte al que hay que someterse por tradición, no deja de ser una “autoimposición” que cierra las puertas a los valores culturales que puedan hallarse implícitas en otras culturas, pudiendo llegar a convertirse en un etnocentrismo patológico que entra de lleno en el terreno de la alienación.
Por Ratio.
Friday, February 15, 2008
La Agonía de la Ignorancia
¡Oh bendita ignorancia !
Carcelera de la gente,
pesadilla de la mente,
tu partida es eminente...
¡Mira !
Hemos roto las cadenas,
se abolieron las condenas,
¡oh conciencias ! No más penas.
¿Te das cuenta?
Tu reinado ha terminado,
las angustias se han ahogado,
ya la magia se ha apagado...
Por fin...
Ya los mitos olvidamos,
a los santos enterramos,
y los Dioses...¡Pobres Diablos!
Oh ignorancia,
la ciencia te ha desahuciado,
el hombre te ha desterrado...
¡La verdad nos ha libertado!
La biología de la fe
La historia ha demostrado que la mayoría de nosotros necesita de la mitología para controlar nuestras pasiones irracionales y que la razón, no es una maestra de moralidad efectiva para las masas quienes son impulsadas por emociones. Quizás nuestro anhelo de independencia ha alcanzado su límite cuando algunos de nosotros, en nuestro intento de aplicar la llamada teoría psicológica a sistemas sociales reales, intentamos declarar a la razón independiente de las emociones. Es aparente que nuestro conflicto interno de razón vs. emoción esta reflejado en nuestros conflictos sociales. Al ignorar la relación biológica entre la razón y las emociones, mientras intentamos cambiar tradiciones o sesgos percibidos que no nos gustan, podríamos estar alterando nuestro carácter colectivo y por ende nuestro legado psicogenético de maneras no buscadas ni entendidas. Sin embargo, tal riesgo no es tan latente, parece ser que no corremos "peligro" de alterar nuestros psicogenes religiosos en el futuro cercano...
Se me ocurre que la razón porqué los científicos discuten sobre las creencias religiosas tiene que ver con la naturaleza misma de las creencias. Aprendemos muchas de nuestras creencias básicas o de nucleo antes de tener la capacidad de evaluar tales cosas.Las creencias que profesamos hoy día, las cuales aprendimos en nuestra juventud, son creencias no informadas. No teniamos la capacidad de evaluar lo que se nos estaba enseñando o de decidir si aceptar o rechazar tales enseñanzas. Estas reflejan las creencias de nuestra cultura, y las creencias de nuestros padres y otros que nos han influenciado desde nuestra tierna infancia. Podremos haber reconsiderado algunas de nuestras creencias más antiguas y decidido mantenerlas o cambiarlas, pero, en el sentido en que estas han alterado nuestra percepción, nuestra capacidad para evaluarlas OBJETIVAMENTE es limitada. El aprender a creer antes de pensar es nuestro conundrum. Una mente vacía no puede juzgar lo que debe de creer. Necesitamos una masa crítica de conocimiento y creencia para evaluar que creer, una masa crítica tanto por su tamaño cómo por su contenido. Ya que una vez que las creencias son aprendidas influencían nuestras percepciones, y por lo tanto limitan la credibilidad de las cosas que mas tarde experimentamos en la vida. Este conundrum es epitomizado por la siguiente observación de René Descartes:
"La causa principal de nuestros errores se encuentra en los prejuicios de nuestra niñez...principios de los cuales me permití ser persuadido en la infancia sin haber cuestionado su verdad".
Que inculcar en la mente parece ser la raíz del problema. Si cada generación aprende sus creencias de nucleo antes de tener la capacidad de evaluarlas, entonces cómo cultura, los ancestros que serían considerados primitivos bajo ópticas actuales crearon nuestras mas antiguas creencias. Dejando a un lado las creencias de nuestros ancestros, la realidad no tiene nada que ver con nuestra imaginación colectiva. Nuestras mentes contienen creencias que se combinan para formar un modelo útil para representar la realidad, pero no es esta la realidad. Es este hecho el que nos hace mirar con extrañeza las acciones de otros cuyas creencias forman un modelo de la realidad ajeno al nuestro. Aunque aun asi estamos inclinados a pensar que nuestro panorama personal de la realidad es objetivo porque es generalmente consistente con el de nuestra comunidad inmediata; lo que nuestras mentes contienen realmente es un modelo de realidad de consenso, que refleja los sesgos perceptuales de nuestra cultura junto con los sesgos perceptuales propios.
Continua...